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Al aproximarse la época estival es conveniente repasar algunas recomendaciones para disfrutar de los espacios al aire libre evitando los daños por la radiación solar de rayos ultravioleta (UV) sobre piel y ojos.

El agujero de ozono y otras causas no bien conocidas hacen llegar a la superficie terrestre, especialmente a latitudes sur, radiaciones crecientes. En este contexto las actividades al aire libre implican la exposición a intensidades de radiación potencialmente peligrosas. La quemadura solar, con el enrojecimiento y posterior descamación, es la consecuencia más evidente, sin embargo el daño provocado no concluye con la reparación de la quemadura: se producen lesiones a nivel celular que se acumulan y serán promotoras de lesiones de carácter crónico. Es decir que nuestra piel guarda en su memoria los consecutivos daños desde el mismo nacimiento. Más aún, se pudo establecer que hasta los 18-21 años de edad se recibe y acumula el 50% del total de la radiación UV que el individuo recibirá en toda su vida. Por ello, se ha prestado especial atención al cuidado y educación en este período de vida, que además es muy favorable a la asimilación de hábitos saludables como la fotoprotección.

Envejecimiento cutáneo prematuro (manchas y arrugas), aumento del número de lunares, cáncer de piel y variadas alteraciones oculares son las consecuencias mas reconocidas, producto de la radiación UV a largo plazo.

Es evidente que existen factores propios del individuo (genéticos) que dan tendencia a padecerlos. Son las pieles sensibles al sol y coinciden con personas de piel clara que se enrojece fácilmente y que no broncean o lo hace mal.

Hay condiciones ambientales que implican un incremento en la radiación. En las horas cercanas al mediodía (11 a 16 hs) se registra la radiación solar más intensa, pero la altura (montaña) y la reflexión en arena, nieve o agua multiplican la cantidad de rayos UV.

Si bien en días nublados la radiación solar es algo menor, algunas personas no toman en cuenta los parámetros de horarios peligrosos y cantidad de tiempo de exposición sufriendo quemaduras serias. Los días nublados al ser más frescos hacen que nuestra sensación sea confusa, sin embargo la intensidad de radiación UV es independiente de la temperatura ambiente.

Por ejemplo, en la Antártida la radiación UV es de altísima intensidad, sin embargo tales radiaciones ocurren habitualmente con temperaturas bajo cero.
Ciertos medicamentos modifican propiedades cutáneas y pueden sensibilizarnos al sol. De tal modo nuestra piel se quema mucho más rápidamente y con intensidades de radiación UV menores.

Pero el sol no es la única fuente de rayos UV. Las difundidas camas solares y lámpara UV son fuentes artificiales de estos rayos. Al respecto es habitual la pregunta sobre si son más o menos perjudiciales que el sol. Para una respuesta sencilla: son equiparables. Sin embargo, muchas personas hacen uso de estas fuentes artificiales para mantener el bronceado durante el resto del año, pasado ya el verano. Adicionan, de tal modo, dosis UV que se irán acumulando indefectiblemente.

Recomendaciones prácticas para una protección solar efectiva:
¿Cuándo usar los protectores solares?
Aplicar el protector 30 minutos antes de la exposición.
Reaplicar el protector cada 2 horas o luego del baño o transpiración intensa.

Cuando la permanencia bajo el sol es prolongada, además de la aplicación de protector, deben usarse ropas, sombreros y lentes de sol.

¿Cómo usar los protectores solares?
Verificar la fecha de caducidad del producto.
Es conveniente agitar el recipiente del protector solar antes de su aplicación.

Elegir FPS (factor de protección solar) de valores 15 o superiores con cobertura para radiaciones UVB y UVA.
Usar protección solar labial (barras o sticks)
En una aplicación correcta para un adulto se deben consumir aproximadamente 25g del producto (equivalente a la palma de la mano llena).

La aplicación debe tener un grosor homogéneo evitando, para ello, una excesiva frotación.

No olvidar aplicar protector en nariz, pabellones auriculares, hombros, empeines, áreas calvas de cuero cabelludo, cara posterior de rodillas y piernas.

Aplicar con cuidado cerca de ojos, algunos componentes de las cremas protectoras solares pueden ser irritantes oculares.

Protección solar en niños:
Debe evitarse la exposición solar directa en menores de 1 año y restringirla en menores de 3 años.
No se deben aplicar protectores solares a menores de 6 meses.

Algunos compuestos incorporados a cremas protectoras solares pueden absorberse a través de la piel del niño y deberían evitarse por ser potencialmente tóxicos. Es conveniente consultar sobre las formulaciones más seguras.

 
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